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A MUERTE (siempre)

"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído."

27 Noviembre 2009

6 y 13 de diciembre, defendamos la Constitución española

 Estado español, noviembre de 2009

 A/A de amigos, clanes, grupos, compañeros, excompañeros enfrentados y demás; gentes de Ces, de Upeidé, de Pepés, de PESOES, desencantados, desengañados, nacionalistas de buen corazón:

 Nuestro país, el suelo que pisamos, ya no es sustantivo; ha pasado a ser un adjetivo. En algunas regiones del mismo, como Cataluña o País Vasco (donde parece que las cosas, poco a poco, mejoran), y entre sectores tales como gran parte de la juventud y muchos de los que se autodenominan progresistas, su nombre tiende a evitarse o incluso a censurarse en cualesquiera conversaciones, tanto como acabo de hacer yo en esta larga frase.

 El ensombrecimiento de nombres no es, empero, la causa de ningún mal, sino la consecuencia de muchos otros que de verdad entorpecen el libre devenir de los ciudadanos que conformamos España.

 Tenemos un gobierno que sabe representar mejor que nadie los "valores" que están en boga en nuestra sociedad, esto es: relativismo, búsqueda de la gratificación exclusivamente instantánea, falta de análisis profundo, tercermundismo de salón, rechazo a cualquier tipo de autoridad, igualitarismo, falta de respeto, exageración de la tolerancia, burla al esfuerzo, condena de la razón...

 El resto de la clase política no le anda a la zaga, porque tan (o más) culpable es quien se equivoca sin conocimiento de causa como el que, abrazando en teoría algunos de los principios conculcados, los oculta y hasta reniega de ellos con tal de recabar apoyos y conquistar el poder.

 En Cataluña, a estos defectos de fábrica se les añade uno que los consume todos e incluso los expande: el nacionalismo. Un nacionalismo provinciano que contribuye a la fuga de capitales, tanto humanos como económicos, aparte de establecer diferencias entre españoles según su grado de afinidad para con el régimen.

 Sin embargo, las grandes familias de nuestra región, quienes realmente mandan y mangonean en est aparte del Mediterráneo, no son nacionalistas "de tot cor". No al menos nacionalistas catalanes. Con Franco, no había más nacionalista español que las familias cuyos apellidos nos suenan tanto por copar los Parlamentos, las grandes salas culturales, las empresas autóctonas más potentes, los despachos funcionariales más decisivos.

 No obstante, parece obvio también que el nacionalismo ha sido el arma a la que se han aferrado nuestros dirigentes para que el pueblo llano les ayudara en sus muy exclusivos objetivos. La religión ya no se lleva tanto, y las masas necesitan un líder al que adorar, tenga éste forma corpórea o etérea. ¿Por qué no la "nació"? Cuando la política, que son hechos y razones, se sumerge en terrenos tan pantanosos como el de los sentimientos, es porque se busca crear un ambiente embarrado. "Ya se sabe, en río revuelto..."

 Este punto es de vital importancia, puesto que muchos hemos creído alguna vez estar luchando únicamente contra el nacionalismo. Si bien esto es cierto respecto a muchos de los ciudadanos que nuestros políticos han "captado" mediante la manipulación, no lo es menos que también tenemos enfrente a los intereses privados de los "grandes" de Cataluña. Y ello quiere decir que lo que nos podría llegar a servir contra el populacho (proclamas a favor de la destrucción de yugos identitarios y demás, apelar a una ciudadanía sin privilegios), no sirve para "convencer" a nuestra clase política. Nuestros políticos van mucho más allá del nacionalismo catalanista. Ellos sí quieren privilegios. Ellos quieren más, aunque sólo sea gestionar la independencia, como subrayaba F. Savater.

 or todo esto, creo que la única llave que tenemos para abrir las puertas de la libertad y la buena convivencia es una que, aunque pequeña como un ratón, debería y debiera ser fuerte como un león: la ley.

La política es raciocinio, debate, que queda reflejado en la ley. Una vez hecha ésta, se respeta y, de considerarse inadecuada, se lucha por cambiarla de acuerdo a sus procedimientos, asimismo legales. Si se permite que la pasión se ponga a la misma altura que la ley bajo un falso pretexto de "democracia", estaremos retrocediendo a la época de las cavernas.

 Las leyes hay que respetarlas. El que las contraviene, sabe que debe pagar por ello, en forma de multa, privación de libertad o lo que sea. Uno de los problemas viene, claro, cuando se actúa al margen de la ley y el que ha de imponerla mira hacia otro lado (por intereses). Un ejemplo, la ley de política lingüística del 98; otro, la reciente LEC. Esta situación, además, conlleva que el "fuera de la ley" se crezca y vayan aumentando sus actos ilegales (léase Estatuto).

 Por si lo anterior no fuera suficiente, existe otro problema de la misma índole o mayor: el que atañe al ciudadano que se encuentra con que las leyes que ha de observar son ilegales (por ejemplo, las que contraviene la Constitución, como el nuevo Estatuto). En ese caso el problema se agrava, porque le plantea una difícil duda: "¿Qué hago? ¿Obedezco? Y si lo hago, ¿a qué ley? Porque una pone que todos los españoles somos iguales; la otra, sin embargo, dice que si no sé catalán no puede trabajar en la administración de allí."

 Por eso, entre las leyes también hay una jerarquía, palabra estigmatizada en estos tiempos. Y en España, la regla suprema, la norma normarum, la ley de leyes, se llama Constitución española.

 La Constitución, por encima del poder que le otorga ser la ley a la cual todas las demás han de acoplarse, y a la que todas deben respetar, tiene un valor simbólico y hasta melancólico, si quieren, que no podemos olvidar: selló la paz ideológica, estableció la libertad, sentó las bases de la convivencia de la que ahora tanto y tantos disfrutamos. Gracias a ella, nacionalistas, comunistas, fascistas, lerdos, culteranistas, conceptistas y muchos otros tenemos y tienen derecho a expresarse, a decirse y desdecirse, a adorar sus ideologías y sentimentalismos, a casi todo. ¡Bienvenida sea!

 Sólo exigía algo a cambio. Que nada de lo que se hiciera y decidiera en una corte pública estuviera en contra de lo que ella permitía. Así de sencillo.

 Por eso es tan peligroso que algunos irresponsables esgriman que un precepto es constitucional cuando saben que no lo es. Por eso es tan peligroso, también, que haya representantes públicos que espeten que les da igual lo que ponga en ella, y que si tal, que sea la Constitución la que se adapte "a los nuevos tiempos".

 La Constitución, con sus fallos, que los tiene, es lo mejor que ha parido esta nación en muchísimos años. Deberíamos amarla como los estadounidenses aman su bandera. Como los franceses s sus pensadores clásicos. Como un papel que nos ha permitido aceptarnos, respetarnos y convivir a todos los españoles sin excepción. Como lo que es: la mejor obra de arte de la España contemporánea.

 Por eso os pido que unamos fuerzas al estilo "federal", es decir, cada uno a lo suyo, pero con un núcleo mínimo centralizad: la defensa de la Constitución.

 Por eso os pido que los próximos días 6 (día de la Constitución) y 13 de diciembre (día de actos ilegales contra ella) a las 12 de la mañana nos concentremos en la Plaza de San Jaime, antigua Plaza de la Constitución EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIÓN. Sin amenazas ni coacciones al TC. Simplemente, mostremos a toda España y a Cataluña en particular nuestra visión del país. Llevemos las pancartas que queramos, vistamos los colores y banderas que queramos, pero dejémosle bien claro a la ciudadanía y al gobierno que aquí hay una serie de personas que confiamos en la ley.

 

Ricardo L. M.

 

 

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