Idiotas
Siempre ha habido idiotas en España (y en todo el mundo). Idiotas en el sentido de "estúpido", e idiotas en el sentido de "no participantes en la política del pueblo". La diferencia es que, hace algún tiempo, los más idiotas pasaban de los asuntos púnlicos, dejando éstos a los poderosos (que podían ser idiotas o no, malvados o muy malvados, pero que al menos acostumbraban a saber de qué iba la cosa). Hoy en día, es muy fácil que la doble condición de idiotez se reúna en la misma persona. "No sé nada, no quiero saber nada, pero exijo (no pido, no; exijo, que se atiendan mis demandas."
Ortega vió austado (y lo espeluznante del asunto es que no fue ayer cuando lo hizo, sino hace casi 80 años) como
no es "que el hombre vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que (...) proclame e imponga el derecho a la vulgaridad o la vulgaridad como un derecho".
Esto es el mundo actual. Nos hemos creído tanto el cuento de la democracia que lo hemos llevado a un falso extremo. Democracia significa participación y poder del pueblo, pero no implica que todos seamos iguales en habilidades, taltento ni, por tanto, en capacidad para juzgar. Al igual que un ciego no puede ser piloto de aviones ni una mujer antidisturbios (tranquilos, todo llegará), la opinión de un lerdo sin conocimientos de un tema no puede ser decisiva en dicho tema.
No somos todos iguales. ¡Satán nos salve! Ni lo somos ni lo queremos ser. Me consta que se ha luchado por esa diferencia durante toda nuestra Historia. Unos somos mejores que otros. Otros son mejores que unos. Pero ni somos, ni fuimos ni seremos iguales.
En la sociedad del momento, tenemos lo peor del capitalismo (todo tiene un precio, sólo lo más rentable a corto plazo es viable) con lo peor del comunismo (nadie es ni puede ni , sobre todo, debe ser más que yo; al que destaque, lapidación moral). Y cuando entremos en la enémisa guerra, pensaremos que a su fin todo habrá acabado y que habremos aprendido la lección...

