Hace algunos años, cuando, entre conocidos, soltaba alguna afirmación como "los argentinos son unos estirados", solía escuchar comentarios como: "qué pena, con lo bonita que es su tierra"; "sobre todo los de Buenos Aires"; "los de capital, ya se sabe" o un atenuante, no exento de ironía, "yo una vez conocí a uno que era muy majo". Con afirmaciones como aquélla, más que aseverar, lo que pretendías era canalizar tu mala leche, acentuar un tópico en momentos de cabreo. Por supuesto, hasta el menos viajado admitía que había argentino de buen trato; no dejaba de ser una generalización, un estereotipo, pero por eso mismo nadie lo negaba. Incluso quien no estaba de acuerdo no acostumbraba a tocarte las narices.

Ahora, cuando dices "los franceses son unos engreídos", enseguida salta quien te tacha de estar prejuzgando, o de ser un xenófobo, o disparan un "yo he conocido a algunos muy majos", pero esta vez no de forma atenuante, sino probatoria. Y, nunca falta, te acusan de generalizar.

¿Y qué es generalizar? Entre otras cosas, generalizar es "abstraer lo que es común y esencial a muchas cosas, para formar un concepto general que las comprenda todas. (RAE) Es decir, establecer reglas a partir de ejemplos concretos, para así poder abarcar la realidad. Es decir, lo contrario de un prejuicio.
Más bien se trata de un "postjuicio", si se me permite el palabro (y si no, también). Porque no es lo mismo decir una gilipollez sin previo análisis que, a partir de la observación, expresar una conclusión que atañe a la realidad, sin menoscabo de la o las cien o mil excepciones que puedan aplicársele.

Si una mayoría más o menos holgada de los casos coincide con tu sentencia, puedes sentirte tranquilo de haber formulado un principio perfectamente válido. Si no pudiéramos hacer esto, ¿de qué serviría el estudio? Pensemos que no estamos hablando de definiciones, que precisan de exactitud, sino de principios. Por ejemplo, acerca de un grupo de música sobre el que nos pregunten y del que seamos buenos conocedores, diremos que "la música que tocan X es rock", si la inmensa mayoría de sus canciones se pueden encuadrar bajo ese registro, aun cuando esporádicamente hayan hecho incursiones en el jazz o en la electrónica. De la misma forma, si somos interrogados sobre el clima de Barcelona en verano, podremos asegurar sin rubor que es caluroso, a pesar de algunas lluvias extemporáneas.

Sin la observación y posterior estudio de los ejemplos, jamás llegamos a las reglas. Por supuesto, hay que procurar no caer en una falacia de inducción errónea. La muestra en las que nos apoyemos debe estar apoyada en evidencias suficientes. Sin embargo, a mucha gente le bastará que haya una sola excepción (o incluso, aun cuando no la haya, que quepa la posibilidad de que exista alguna) para censurarnos.

Se tratará de gente que presumirá de tolerante, de abierta al mundo, de cuyas bocas "borbotearán" frases como "si es lo que piensa...", "yo respeto lo que dice de todo el mundo", "¿por qué no va a valer su opinión"?

Claro está, las confrontaciones no surgirán con todo el mundo. Quién generalice "flors i violes", utopías de bella factura; quien pertenezca a algo parecido a una minoría cualquiera que sea su clase; quien forme parte de una mayoría pobre, en dinero, conocimiento o ideas propias, se llevará el favor de tales "opinadores". La razón es clara: los reconocidos como mediocres no amenazan un mal llevado sentimiento de inferioridad. Mal de muchos...

De nuevo la doctrina del pensamiento único, expresada a través de una de sus multiples caras: anteayer atendía al nombre de comunismo; hace cuatro dias, se pronunciaba fascismo. Hoy se llama relativismo cultural.