Es increíble. No contentos con las raciones habituales de intervencionismo nacionalista habituales (campana "Parla;'m en cristia", la penúltima patochada), ahora nos salen con que quieren (o van a?) imponer la mitad del cine en catalán!

O sea, que ahora nos quieren invadir hasta el terreno privado. Primero fue la tele (publica, no ho oblidem), luego la educación; después los comercios (que es algo gravísimo). Per acabar d'adobar-ho, venga, hasta el cine!! En nombre de un fariseo igualitarismo (por qué hay que igualarlo todo? Pido yo ser tan alto como Pau Gasol, cuando de serlo quizás podría ganarme la vida con el baloncesto?), pretenden invadir nuestra intimidad.

Ya no me quiero hacer la pregunta: "qué será lo próximo?", porque lo que ya tenemos es más que suficiente para no volver a (o salir de) Cataluna. Aunque quizás sea precisamente ahora cuando los que no estamos locos (o mejor dicho -porque la infravaloración puede jugar en nuestra contra-, los que aspiramos a mantener cierto grado de libertad y albedrío) debamos arrimar el hombro y sacar a estas sanguijuelas neofascistas del poder, como ya han hecho en Galicia y el País Vasco. Por no saber, ni siquiera parecen haber oído aquel viejo proverbio que reza: "cuando las barbas de tu vecino veas pelar...".

Mejor para nosotros; las urnas dictarán sentencia.