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La Coctelera

A MUERTE (crónica postsentimental)

Vamos a la deriva...y todo eso explotará; al tiempo.

Categoría: Lingüística

1 Septiembre 2009

"La verdad sobre el catalán", por Albert Branchadell

La reciente Enquesta sobre els Usos Lingüístics de la Població ha puesto de relieve dos circunstancias que no todo el mundo está igualmente dispuesto a aceptar. En primer lugar, Catalunya es una sociedad bilingüe en un marco de multilingüismo moderado. En segundo lugar, la lengua mayoritaria de Catalunya es el castellano.
En los últimos tiempos se ha puesto de moda apelar al multilingüismo de Catalunya, especialmente entre los más reacios a asumir previamente su carácter bilingüe. En Catalunya se hablan 300 lenguas es un eslogan que se ha hecho popular, pero que no describe bien la realidad lingüística existente. Según los datos de la encuesta citada, la mayor parte del pastel lingüístico se lo reparten solo dos lenguas. El 90% de los catalanes tiene el castellano, el catalán o ambas lenguas como lengua inicial (léase materna). Más del 92% tiene el castellano, el catalán o ambas lenguas como lengua propia. Y más del 93% tiene el castellano, el catalán o ambas lenguas como lengua habitual. De las otras 298 lenguas solo un puñado es visible en la encuesta, y entre ellas solo despunta el árabe, que es la lengua de 2 de cada 100 catalanes.

En este marco de bilingüismo consolidado y multilingüismo emergente, la otra cosa que ha puesto de relieve la encuesta es que el castellano es la lengua mayoritaria de Catalunya. Como lengua inicial le saca 23 puntos al catalán (55 a 32); como lengua propia, le saca 9 puntos (46 a 37), y como lengua habitual, 10 (46 a 36). De modo resumido, podríamos decir que el catalán mantiene sus efectivos en términos absolutos, pero ha perdido peso relativo, por la «agregación» (en términos del sociolingüista Albert Fabà) de castellanohablantes de origen suramericano al grupo de castellanohablantes autóctonos.
Por otra parte, cabe destacar cómo la diferencia de 23 puntos en la lengua inicial queda reducida a 9 o 10 en las otras dimensiones. Esto se debe al hecho de que una parte importante de personas de lengua inicial castellana considera que su lengua es el catalán (o el catalán y el castellano). Y, directamente conectado con esto, tenemos el hecho de que en Catalunya se habla más en catalán con los hijos que con los padres o los abuelos, justo al revés de lo que sucede en los procesos de extinción de lenguas.
Hasta aquí los datos. ¿Cuáles son las consecuencias políticas? Uno diría que los datos de la encuesta alejan la posibilidad de «hacer de la lengua catalana la lengua pública habitual, normal, común de nuestra sociedad» que evocaba en este mismo periódico Bernat Joan, secretario de Política Lingüística de la Generalitat. Pero las últimas declaraciones de Joan no van precisamente por ahí. En una entrevista reciente, para cambiar las «dinámicas existentes», Joan se mostró partidario de una nueva ley de política lingüística «más ambiciosa y más amplia», con el objetivo de «conseguir que el catalán sea cada vez más lengua habitual de los ciudadanos de este país». Apelando a la legislación como método para cambiar la realidad, Joan incurre en un afán muy español, cuya última manifestación es la ley de educación de Catalunya (LEC). Este afán consiste en creer que una ley puede llegar a suplantar la realidad. (Es por esto que las leyes salen luego tan largas; compárense los 205 artículos y 44 disposiciones varias de la ley de educación con los 49 artículos de la ley homónima de Finlandia).

Pero lo cierto es que Joan fue un poco más allá de la reforma legislativa y sostuvo que la independencia de Catalunya es «imprescindible» para que el catalán sea viable. Joan considera que la independencia es más «fácil» que la instauración de un modelo lingüístico igualitario en España. Pero aunque la independencia fuera cosa hecha, no es evidente que permitiera alcanzar el sueño de «hacer de la lengua catalana le lengua pública habitual, normal, común de nuestra sociedad». A Bernat Joan le irían muy bien unas vacaciones en Ucrania. Dieciocho años después de la independencia, ninguna medida legislativa, ni siquiera la oficialidad exclusiva del ucraniano, ha logrado hacer del ucraniano «la lengua pública habitual, normal, común» de la sociedad ucraniana.

Poniendo piadosamente la independencia entre paréntesis, lo que ahora mismo le conviene a Catalunya no es la nueva ley de política lingüística que postula Joan, sino una nueva política lingüística algo más enraizada en la realidad. O acaso unos nuevos políticos lingüísticos, que en lugar de fantasear con lenguas comunes tengan mayor capacidad política para hacer realidad los (razonables) objetivos lingüísticos del tripartito. La verdad es que si uno relee el documento programático Entesa Nacional pel Progrés no ve claro en qué hemos avanzado en los últimos tres años: ¿se ha desplegado el Estatut por lo que respecta a las políticas lingüísticas? ¿Se garantiza «que todo el mundo pueda ejercer su derecho a utilizar el catalán en toda situación»?
¿Tenemos una ley de lenguas española que incorpore las lenguas diferentes del castellano en los símbolos del Estado y reconozca su uso en las instituciones del Estado? ¿El catalán ya es una lengua europea «a todos los efectos»? ¿Hemos avanzado en el campo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) y en el sector audiovisual como elemento divulgador del catalán? En definitiva, ¿dónde están los «hechos, no palabras» que prometió José Montilla?

* Profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB.

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10 Junio 2009

[...]

Es habitual que el poder o ansia de él estropee la más férrea de las mentes. Ensencialmente y por definición, las de los que están cerca de él. Sin embargo, no es raro que los acólitos de tales mentes pensantes acaben aún más estropeados. La razón? Normalmente, complejo de inferioridad, que trata de paliarse atribuyéndose ofensas o ínfulas que les vienen holgadas.

Todo eso provoca que el nazi más nazi sea moreno y bajito; el antiespanol más engorilado, hijo de picoleto; que el terrorista más vasco de todos los vascos se apellide López, y así hasta el infinito and beyond.

Lo que no parece que debiera ser tan habitual es que ese fenómeno se diera incluso entre gentes que se atribuyen la salvaguarda de intereses atacados precisamente por esos seguidores de mentes doblegables.

Pero pasa. Joder, si pasa.

PD: que los mostrencos no nos impidan ver la libertad.

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6 Junio 2009

Posmodernismo y otras falacias

Seguimos descubriendo mentes brillantes. Quizás no sean tan pocas.

Tags: inger, enkvist

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14 Mayo 2009

Otro ejemplo de manipulación aberrante

Leo una noticia: el gobierno peruano prohíbe la presencia de homosexuales y adúlteros en la policía nacional. Sorprendido, me llego a la noticia y, como no podía ser de otra manera, descubro la burda manipulación:

Attenti:

La ley, propuesta por la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, establece que cualquier funcionario policial que tenga relaciones sexuales con alguien del mismo sexo será suspendido indefinidamente del Cuerpo, y lo mismo les ocurrirá a quienes tengan relaciones extra matrimoniales.

Como era de esperar, se trata de otra repugnante manera de llamar a la polémica: lo que el gobierno prohíbe es que se folle  con companeros. Obviamente (suponiendo que en la poli peruana sólo haya hombres, lo cual no se dice en la noticia y que de ser cierto sí que podria dar para un debate más o menos serio), para ello hace falta ser homosexual ni que sea unos minutos; sin embargo, no se prohíbe la condición de maricón, la cual queda para los adentros de cada uno (nunca mejor dicho).

Otro tanto sucede con los adúlteros.Sólo alguien muy lerdo o un polemizador de poca monta seria incapaz ed darse cuenta de que adúltero es el que ha sido infiel a su esposa, no el que podría llegar a serlo en el futuro. Por lo tanto, lo que se prohíbe no es la entrada de adúlteros en el cuerpo, sino el enganar a la mujer una vez en él.

No eLo que no queda muy claro, es si hace falta estar casado. Porque, para ser adúltero, es conditio sine qua non estar esposado (nunca mejor dicho, de nuevo). Y creo que los maricones no pueden casarse allí. Ergo, ningun homosexual podrá ser adúltero en la vida...pero ni en la policía ni en ningun sitio. Todo lo más, infiel.

No obstante, y siendo franco (o sea, chungo), dudo que el aspirante a periodista estuviera haciendo cábalas con todos estos razonamientos.

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11 Mayo 2009

Un ejemplo de periodismo-objetivo

Me encuentro en internet con la noticia de que un concejal de Mataró, mi ciudad, ha oficiado un matrimonio con un brazalete de Espana adherido al brazo. Sorprendido de que alguien le eche esos huevos, voy a la fuente (el ecuánime "El Punt"), y me encuentro información "adicional" (requerida para su buena comprensión, claro está) del sujeto que centra el titular. Atención:

Un home de contrastos
ANDREU MAS

Aquest és un home de contrastos. Ningú diria que li agrada el cinema de ciència-ficció espès i el tecno-pop i que, al mateix temps, defensa l'ideari més ranci de la Falange Española de Las JONS, el grup al qual va militar des dels 17 anys i fins a la seva dissolució. És una persona interessada per la filosofia, la literatura i compromesa socialment amb la integració de la immigració extracomunitària, i alhora és un radical antinacionalista català, anticomunista i un dels molts perseguidors del sistema d'immersió lingüística. Però la sang el té lligat a Espanya i això li fa dir disbarats com ara que «Alejo Vidal Quadras és el millor polític del Parlament dels últims trenta anys». L'amor és cec.

No tiene desperdicio, así que voy a molestarme en analizar un poco a este "crack" del periodismo objetivo.

Frase 1 (traducción para los que no hablen catalán):Nadie diria que le gusta el cine de ciencia -ficción espeso y el tecno-pop y al mismo tiempo haya formado parte de la Falange.

Análisis: Muy bien: para abrir boca, ensalza la ciencia ficción y el tecno-pop. Sólo por eso ya podemos hacernos una idea del nivel de nuestro amigo el periodista. Pero sigamos.

Teniendo en cuenta que hace lustros que no milita en la Falange, el hecho de establecer una comparación entre sus gustos políticos de juventud y sus filias de fin de semana actuales (el tío, a juzgar por la foto, no debe bajarse de los 45) es de nota. IN other words, si de adolescente te la ponía tiesa Franco, 20 anos después no pueden gustarte OBK y "2001, odisea en el espacio".

Frase 2: "Es una persona interesada por la filosofía, la literatura y comprometida socialmente con la integración de la inmigración extracomunitaria, ya la vez es un radical antinacionalista catalán, anticomunista y uno de los muchos perseguidores del sistema de inmersión lingüística."

Análilis: Contrapone su interés por la filosofía, la literatura y su filantropía para con los inmigrantes con el ser anticatalanista, lo que supone que quien o defiende la muy progresista, noble y liberal ideología del nacionalismo debe (no debe de) ser, respectivamente, 1) falto absoluto de sensibilidad intelectual, 2) cateto y 3) xenófobo.

Además, el "perseguir" una ley tan integradora, culta y sensible como el de la inmersión tampoco casa, a "juicio" del autor, con su talante culto e ilustrado.

Frase 3: "Pero la sangre lo tiene ligado a España y eso le hace decir disparates como que «Alejo Vidal Quadras es el mejor político del Parlamento de los últimos treinta años». El amor es ciego."

Análisis: Lo de la sangre ya nos situa a nuestro periodista favorito a la altura de un Pere Calders, por lo menos. Qué bella metáfora bélica. Además, en un alarde de objetividad, el "cronista" se permite el lujo de exponer un punto de vista preciso y claro por medio del sustantivo "disparate", y, relamiéndose en su facilildad verborreica, termina con una frase hecha digna del mejor pueblo llano: l'amor és cec.

Olé.

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30 Abril 2009

Generalizar

Hace algunos años, cuando, entre conocidos, soltaba alguna afirmación como "los argentinos son unos estirados", solía escuchar comentarios como: "qué pena, con lo bonita que es su tierra"; "sobre todo los de Buenos Aires"; "los de capital, ya se sabe" o un atenuante, no exento de ironía, "yo una vez conocí a uno que era muy majo". Con afirmaciones como aquélla, más que aseverar, lo que pretendías era canalizar tu mala leche, acentuar un tópico en momentos de cabreo. Por supuesto, hasta el menos viajado admitía que había argentino de buen trato; no dejaba de ser una generalización, un estereotipo, pero por eso mismo nadie lo negaba. Incluso quien no estaba de acuerdo no acostumbraba a tocarte las narices.

Ahora, cuando dices "los franceses son unos engreídos", enseguida salta quien te tacha de estar prejuzgando, o de ser un xenófobo, o disparan un "yo he conocido a algunos muy majos", pero esta vez no de forma atenuante, sino probatoria. Y, nunca falta, te acusan de generalizar.

¿Y qué es generalizar? Entre otras cosas, generalizar es "abstraer lo que es común y esencial a muchas cosas, para formar un concepto general que las comprenda todas. (RAE) Es decir, establecer reglas a partir de ejemplos concretos, para así poder abarcar la realidad. Es decir, lo contrario de un prejuicio.
Más bien se trata de un "postjuicio", si se me permite el palabro (y si no, también). Porque no es lo mismo decir una gilipollez sin previo análisis que, a partir de la observación, expresar una conclusión que atañe a la realidad, sin menoscabo de la o las cien o mil excepciones que puedan aplicársele.

Si una mayoría más o menos holgada de los casos coincide con tu sentencia, puedes sentirte tranquilo de haber formulado un principio perfectamente válido. Si no pudiéramos hacer esto, ¿de qué serviría el estudio? Pensemos que no estamos hablando de definiciones, que precisan de exactitud, sino de principios. Por ejemplo, acerca de un grupo de música sobre el que nos pregunten y del que seamos buenos conocedores, diremos que "la música que tocan X es rock", si la inmensa mayoría de sus canciones se pueden encuadrar bajo ese registro, aun cuando esporádicamente hayan hecho incursiones en el jazz o en la electrónica. De la misma forma, si somos interrogados sobre el clima de Barcelona en verano, podremos asegurar sin rubor que es caluroso, a pesar de algunas lluvias extemporáneas.

Sin la observación y posterior estudio de los ejemplos, jamás llegamos a las reglas. Por supuesto, hay que procurar no caer en una falacia de inducción errónea. La muestra en las que nos apoyemos debe estar apoyada en evidencias suficientes. Sin embargo, a mucha gente le bastará que haya una sola excepción (o incluso, aun cuando no la haya, que quepa la posibilidad de que exista alguna) para censurarnos.

Se tratará de gente que presumirá de tolerante, de abierta al mundo, de cuyas bocas "borbotearán" frases como "si es lo que piensa...", "yo respeto lo que dice de todo el mundo", "¿por qué no va a valer su opinión"?

Claro está, las confrontaciones no surgirán con todo el mundo. Quién generalice "flors i violes", utopías de bella factura; quien pertenezca a algo parecido a una minoría cualquiera que sea su clase; quien forme parte de una mayoría pobre, en dinero, conocimiento o ideas propias, se llevará el favor de tales "opinadores". La razón es clara: los reconocidos como mediocres no amenazan un mal llevado sentimiento de inferioridad. Mal de muchos...

De nuevo la doctrina del pensamiento único, expresada a través de una de sus multiples caras: anteayer atendía al nombre de comunismo; hace cuatro dias, se pronunciaba fascismo. Hoy se llama relativismo cultural.

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18 Febrero 2009

Articulo del filosofo R. Redeker, acerca de la "Islamofobia"

La islamofobia, el arma de los islamistas contra la laicidad
Robert Redeker

Un neologismo acaba de hacerse sitio con estrépito en nuestra escena política: "islamofobia". Esta palabra, fonéticamente próxima a "xenofobia", está destinada a dar miedo -evocando, de manera subliminal, el odio, las persecuciones, las discriminaciones- tanto como a culpabilizar. Algunos querrían verla convertida en sinónimo de "racismo" y simétrica de "antisemitismo", dos monstruos que sólo duermen con un ojo abierto. Pero ¿es compatible su empleo con la doble exigencia republicana de salvaguardar la laicidad y combatir el racismo? ¿Acaso no engendra amalgamas de resultados ruinosos para la República, sus valores y su legado?

La investigación sobre sus orígenes y su historia llevada a cabo por Caroline Fourest y Fiammetta Verner en su libro Tirs croisés (1) reserva sorpresas, porque pone al descubierto las intenciones de quienes la crearon. No es inocente que el vocablo "islamofobia" haya sido acuñado inicialmente (en los años setenta) por islamistas radicales que atacaban a las feministas. La guerra contra las mujeres es la cuna de este término; así, Kate Millett, célebre militante del movimiento de emancipación de la mujer, fue violentamente insultada y seguidamente tachada de islamófoba por haber incitado a las iraníes a negarse a llevar el velo.

De nuevo es en torno a la cuestión del apartheid de las mujeres -velo en la escuela, en las instituciones, en la calle, autosegregación en las piscinas- como se concentra la crispación, y la acusación de islamofobia amenaza a todo el que se alce contra el intento de oficializar ese apartheid. En los años noventa el término "islamofobia" fue difundido más ampliamente por los islamistas londinenses en el marco de las campañas anti-Rushdie. El escritor y los defensores de la libertad de pensar y publicar se encontraron acusados de islamofobia a la vez que amenazados de muerte.

El concepto de "islamofobia" es originalmente un arma forjada por los islamistas con el fin de imponer su visión totalitaria del mundo. Hunde sus raíces en el más sórdido oscurantismo. En principio, pues, "islamofobia" fue una palabra de combate; y a nadie hay que recordar la fórmula del poeta revolucionario Maiakovski, "las palabras son balas". Al utilizarla ingenuamente, amigos sinceros de la libertad se colocan en el terreno de sus adversarios. ¿Es posible, como desean los islamistas, identificar la islamofobia con un racismo y hacerla equivalente al antisemitismo?

La amalgama de islamofobia y racismo está destinada a volverse contra toda crítica de la religión, tan importante en nuestra cultura desde Bayle y Voltaire, tan importante también en la elaboración de la idea republicana.

¿Es "racista" rechazar las imposiciones que se practican, desde Mauritania hasta el Pakistán, en nombre del islam? ¿Rechazar la sharía, las lapidaciones, las mutilaciones, la esclavitud (todavía muy viva en sociedades musulmanas), la criminalización de la homosexualidad, el estatuto inferior de las mujeres, etcétera?
¿Es racista recordar que en ningún país musulmán están vigentes ni los derechos del hombre ni la democracia?
¿Es racista calcular que cientos de millones de seres humanos viven cada día bajo el yugo impuesto por esa religión?
¿Es racista inquietarse por las exigencias, en nuestra sociedad, de una religión que está tan lejos de demostrar su capacidad de interiorizar los valores emanados de la Ilustración?
¿Es racista preguntarse si es posible un islam de rostro humano, como en otro tiempo se preguntó si era posible un socialismo de rostro humano?

Si el racismo (por ejemplo, la arabofobia) es absolutamente condenable, el combate contra las intromisiones de lo religioso en la vida cívica, combate del que emanaron los valores republicanos, no lo es en modo alguno. El islam es una religión -un conjunto de ideas, de mitos, de supersticiones y de ritos-, no una "raza" (suponiendo que esta palabra tenga algún sentido) ni una etnia. Hay musulmanes de todos los tipos humanos; esta religión, análogamente al cristianismo, aspira a la universalidad. Siendo una religión, el islam es también una ideología, como el comunismo y el liberalismo. ¿Habrá que condenar el antiliberalismo o el anticomunismo, el rechazo de sus ideologías y de la organización del mundo que implican, como si se tratara de racismo? La actitud a la que se acusa de islamofobia no es racismo, en tanto en cuanto, lejos de ser odio a tal o cual pueblo, es el rechazo vehemente de lo que algunos predican y quieren imponer en nombre del islam. Es el rechazo de los aspectos arcaicos e incompatibles con los valores republicanos que vehicula cierta interpretación del islam.

El antisemitismo, por su parte, no estigmatiza a una religión sino a un pueblo. Ahora bien, no existe un pueblo musulmán como existe un pueblo judío; por lo tanto, poner en paralelo la islamofobia con el antisemitismo es abusivo. El islam es un atributo accidental, aplicable -por el hecho de su proselitismo- a cualquier ser humano, sean cuales sean su etnia y el color de su piel. Por el contrario, "judío" designa a un único pueblo, debido a su ausencia de proselitismo. Lejos de ser el simple combate contra una religión, el antisemitismo es el odio inmotivado e inextinguible contra cierto pueblo, el pueblo judío. Podrían los judíos ser ateos o cambiar de religión, y el antisemitismo persistiría. Si bien hay judíos ateos (porque la palabra "judío" enuncia la pertenencia a un pueblo, al margen de las ideas que tengan los así clasificados), la expresión "musulmán ateo" resulta absurda (porque ser musulmán significa profesar una creencia).

Los islamistas ven, en la batalla del vocabulario, una apuesta importante. El término "islamofobia" esconde la trampa tendida a las instituciones laicas por los integristas musulmanes para impedir la crítica de la religión, a la vez que se somete a segmentos de la existencia social (especialmente la de las mujeres) a un control totalitario. Perder la batalla semántica, utilizando el vocabulario puesto en circulación por los islamistas como si tal cosa, es desastroso. La palabra "islamofobia" remite falsamente de la defensa de la libertad y de la laicidad a la intolerancia y al odio. Consigue forzar a los valores republicanos a ponerse a la defensiva: ahora son ellos los que, apurados por la sofistería de un juego de manos lexical, se ven acusados de intolerancia y de integrismo. La prestidigitación de esa palabra consiste en darle la vuelta a la realidad, colocando al oscurantismo en la posición de víctima y a la laicidad en la de agresor. La laicidad debe mantener la palabra "islamofobia" fuera del radio de los debates, a la vez que persigue el racismo, y en particular la arabofobia.

(1) Tirs croisés: la laïcité à l'épreuve des integrismes juif, chrétien et musulman. París, 2003.

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27 Octubre 2008

Sobre la obsesion

Magnifico articulo de Alex Salmon sobre la acusacion de obsesion por la lengua de Ciutadans:

Lo he oído en más de una ocasión. Las argumentaciones de uno suenan en el otro como imposibles. Viene al caso sobre la comparecencia en el Parlament del diputado de Ciutadans (para unos siempre Grupo Mixto aunque esté formado en su totalidad de personas de Ciutadans) Antonio Robles, ante el conseller de Educació, Ernest Maragall. El ex profesor de instituto hasta hace muy poco intentaba explicarle al siempre político la realidad según sus ojos, que pueden no ser los mismos que los del conseller.

Ante el resumen presentado por Robles sobre las aulas de acogida, Maragall le respondía con la típica cara de asombro de los que no quieren ver más allá de sus ojos. Decía el Honorable conseller que el país que Robles explicaba no era el suyo. Trillo aquí diría «manda huevos», pero como se trata de una grosería mejor la omitimos y reflexionamos sobre la cuestión.

Para hacerlo me acojo a las mismas palabras de Antonio Robles que fueron sabias, llenas de pedagogía, cierto cinismo y templanza.El diputado de Ciutadans le vino a decir que él entendía su sorpresa, era consciente de todo el mensaje del socialista y de cómo lo argumentaba. «El problema, señor Maragall, es que usted no entiende que yo exista». O lo que es lo mismo: no es computable (la informática es sabia) un individuo como Robles. No es asumible. Se explica diciendo que, por ejemplo, un diputado que esté por dar libros en castellano en estas aulas a niños ecuatorianos, aunque de esta forma vayan a encontrar mayor acogida en el país que, al principio, les es extraño, suena muy mal.

Dicho esto, la respuesta es la de siempre: «¿Es que ustedes siempre están con la obsesión de la lengua?». Es cierto. Le deberíamos dar la razón al señor Maragall. Por eso, últimamente me pregunto cómo se lucha contra una obsesión. En este caso no me refiero a la del señor Robles, sino a la de los muchos señores Maragall que redactan unos protocolos para los profesores que trabajan en las aulas de acogida donde el catalán es más importante que la limpieza de los lavabos o que las calorías de las comidas sean sanas.

¿Cómo se actúa desde el bilingüismo para buscar razones frente a las evidentes obsesiones por la lengua? Los diputados nacionalistas y del tripartito decidieron con la llegada de Ciutadans evidenciar que la obsesión de la lengua estaba en la cabeza de éstos. La reflexión es ¿cómo debe ser llamado el padre que se ofusca con los malos resultados de las notas de su hijo e insiste para que mejore?, o ¿cómo debe ser tratado el que se obceca porque su compañero de trabajo, por ejemplo, deje de fumar?

No estoy comparando situaciones negativas de nuestra sociedad con enfermedades crónicas, aunque es evidente que la inmersión o las sanciones lingüísticas son ejemplos negativos de nuestra sociedad, pero son en estas situaciones donde se refleja de forma clara el método de luchar contra una obsesión y como éste puede ser percibido como otra obsesión más, en este caso positiva.

Ernest Maragall acusa a Antonio Robles de siempre hacer el mismo discurso. Claro. Es la respuesta a otro discurso idéntico. La diferencia es que Robles entiende el rechazo o la ignominia que le produce su persona a Maragall y el conseller ni se la ha planteado.Esa es la diferencia.

Decir que Robles no conoce la escuela es como decir que el conseller Maragall se olvidó de la poesía de su abuelo. El diputado, antes de pisar la moqueta frondosa del Parlament hace dos años, vivía entre pupitres. El conocimiento del de Ciutadans sobre la escuela debe pesar en la política catalana como una fuente de información de primera línea.

Pero, seamos concretos. A lo que el diputado se refería en su crítica a «las guías de acogida lingüística» era justamente que se acogía al inmigrante en la lengua -catalana, por supuesto-, pero no en la cultura, la sociedad, las normas cívicas, el trabajo o hasta en la relación con los vecinos. Esas mismas instrucciones de acogimiento dejan claro que «hay que velar para que el catalán sea en el centro escolar la lengua vehicular en la familia y en el alumnado». Pero la lectura en voz alta de esa guía siguió en el Parlament y dirigida al conseller con la siguiente perla: «Es conveniente mantener el catalán y, si la compresión es difícil, utilizar imágenes, gestos, hablar con frases cortas y simples.Nuestra actitud es la de ser fieles al catalán».

Imaginen si el niño en cuestión es ecuatoriano o peruano. Interpretar los gestos con lo fácil que sería hablar en castellano, que en realidad -y nunca debe perderse de vista- su utilidad es sólo una herramienta de entendimiento entre personas.

Con posturas así es difícil no obsesionarse. Me recuerda la fábula del Rey desnudo. Mientras que toda la sociedad pacte que aquel individuo está en porretas no hay problema. Las dificultades comenzarán cuando alguien de la supuesta tribu (en sentido metafórico) decida denunciar al Rey la mentira. ¿Cómo creemos que actuará el pobre loco cuando intente explicar la desnudez real ante las críticas de sus conciudadanos?

Lo hemos explicado en muchas ocasiones. Cataluña es un país excesivamente poliédrico, donde nada es como parece, aunque se acerca a la realidad. Con ello no quiero decir nada, sólo que hay que esperar que cada día sean más los que vean al Rey en pelotas.

Álex Sàlmon, director de EL MUNDO en Cataluña

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"El sujeto ideal del régimen totalitario no es ni el nazi ferviente ni el comunista convencido, sino el hombre para el que la dis­tin­ción entre hecho y ficción (la realidad de la experiencia) y en­tre verdadero y falso (las reglas del pensamiento)"


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