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La Coctelera

A MUERTE (crónica postsentimental)

Vamos a la deriva...y todo eso explotará; al tiempo.

Categoría: Filosofía

3 Octubre 2009

GRACIAS

GRACIAS a bandas como Muse, buscadores del "y ahora, un poquito más allá".

GRACIAS a gentes como VIDAL-QUADRAS, que presume de un estigma mal aprendido en nuestra sociedad.

GRACIAS a gentes como los creadores de C's, por devolvernos la autoestima.

GRACIAS a escritores como MONZÓ, por extrujar sus "imaginaciones" y sus perversiones hasta el final.

GRACIAS a gentes como DRAGÓ, LOSANTOS, SAVATER, ESPADA, ROBLES, PÉREZ-REVERTE, por perder tanto tiempo de su vida estudiando y analizando lo que les rodeaba y lo que les rodeó.

GRACIAS a dandies como WILDE y PITIGRILLI, por abusar de quienes eran y son.

GRACIAS a ESPAÑA por parir a SÉNECA, a ORTEGA y GASSET, a GASOL, a NADAL.

GRACIAS a las gentes interesantes de cualquier parte del MUNDO, por permitirme sentirme un Belcebú, un Lucifer, un 666 por unas horas o unos minutos.

GRACIAS a una sociedad represiva del pensamiento, porque "sin mis enemigos nada soy".

GRACIAS a TODO por hacerme descubrir que existen los 10 justos en Sodoma, aunque no sea fácil encontrarlos.

Tags: gracias

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10 Junio 2009

[...]

Es habitual que el poder o ansia de él estropee la más férrea de las mentes. Ensencialmente y por definición, las de los que están cerca de él. Sin embargo, no es raro que los acólitos de tales mentes pensantes acaben aún más estropeados. La razón? Normalmente, complejo de inferioridad, que trata de paliarse atribuyéndose ofensas o ínfulas que les vienen holgadas.

Todo eso provoca que el nazi más nazi sea moreno y bajito; el antiespanol más engorilado, hijo de picoleto; que el terrorista más vasco de todos los vascos se apellide López, y así hasta el infinito and beyond.

Lo que no parece que debiera ser tan habitual es que ese fenómeno se diera incluso entre gentes que se atribuyen la salvaguarda de intereses atacados precisamente por esos seguidores de mentes doblegables.

Pero pasa. Joder, si pasa.

PD: que los mostrencos no nos impidan ver la libertad.

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6 Junio 2009

Posmodernismo y otras falacias

Seguimos descubriendo mentes brillantes. Quizás no sean tan pocas.

Tags: inger, enkvist

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30 Mayo 2009

Entrevista a Giovanni Sartori

La inmigración sin límites es una amenaza

Por Herman Tertsch

El pensador italiano Giovanni Sartori, el 'príncipe' de la ciencia política de la izquierda liberal de Europa, sostiene que la llegada incontrolada de inmigrantes que no quieren integrarse supone un riesgo para el pluralismo y la democracia.

Giovanni Sartori ha estado en Madrid presentando lo que no sólo él llama un panfleto en el mejor sentido del término fraguado en el siglo XVIII. Es un análisis lúcido, político y sociológico, que concluye en lo que supone un apéndice provocador y refrescante, para muchos muy cuestionable o condenable incluso, en todo caso controvertido. Es un libro-panfleto breve que habrá de tener en cuenta, le guste o no, todo aquel que realmente piense en serio sobre el mayor reto para las sociedades desarrolladas en las próximas décadas, la inmigración o la incursión descontrolada de personas de culturas diferentes o antagónicas que buscan un porvenir en un medio social que les es ajeno, siempre difícil y que muchas veces consideran hostil. Este liberal de izquierdas de quien mucha izquierda abomina, dice muy claramente lo que tantos otros piensan difusamente y no se atreven a formular por miedo a ser tachados de desviacionistas, reaccionarios o incluso racistas. Hoy que tantos temen pecar de incorrección política y ser condenados al ostracismo político e intelectual por opiniones que no concuerdan con las verdades al uso, Sartori vuelve a mostrarse como el pensador valiente que siempre ha sido. Dicen algunos que demasiado valiente para ser consistente. Es posible. En todo caso, sin él u otros como él, el debate sobre la sociedad moderna en general, y en este caso sobre la inmigración en particular, sería más triste, sumiso y romo. Por eso es siempre de interés leerle y, para quienes hayan tenido la suerte de poder hacerlo, un lujo escucharle. Es tan difícil terminar una conversación con Sartori como empezarla. Cualquier referencia lo lanza a un discurso lúcido, pletórico de sentido del humor, ironía y complicidad y brillantez en la exposición de sus reflexiones sobre las fórmulas de coexistencia humana en lo que llama 'la buena sociedad'.

Pregunta. Profesor Sartori, llama un poco la atención el hecho de que el cardenal Biffi, de Bolonia, provocara un inmenso revuelo con sus manifestaciones sobre la conveniencia de fomentar una inmigración cristiana y prevenir la musulmana. Hablaban de cruzadas fundamentalistas del Vaticano y todo tipo de razones aviesas. Usted, en su nuevo libro, viene a defender la misma tesis. Con usted se meten mucho menos. ¿Por qué?

Respuesta. Pues probablemente porque el cardenal es más importante que yo.

P. No me sea usted modesto.

R. Siempre hay que intentarlo. Yo creo que es difícil de explicar en cuanto a las diferencias. Yo no estoy de acuerdo con Biffi en que hay que preferir a unos inmigrantes cristianos a unos musulmanes. Eso es un criterio religioso que yo respeto, pero no puedo compartir. Yo hablo desde un punto de vista absolutamente laico. En términos culturales. En cuanto al argumento de que la civilización occidental y el islam actual son fundamentalmente incompatibles, creo que es cierto y estoy dispuesto a defenderlo. Pero no creo que nuestro argumento, el de Biffi y el mío, sean el mismo. No creo que él y yo estemos defendiendo la misma sociedad; él defiende la sociedad cristiana; yo, la que llamo la 'buena sociedad', la sociedad pluralista. Lo que pasa en que en ciertos puntos estamos de acuerdo, porque las bases históricas y culturales de las que parte son correctas. Las premisas son muy diferentes, así como las perspectivas. Yo parto de unas premisas políticas y éticas, pero laicas, y él es un católico.

P. Pero usted habla en todo caso de diferentes religiones y culturas del mundo que son más integrables que otras en nuestra sociedad occidental, en la sociedad abierta de que hablaba Popper, aunque en su época, cuando fraguó el término de la sociedad abierta, nadie se enfrentaba a estos desafíos actuales.

R. Entonces no existían tales problemas. En todo caso, si usted habla de religión, hay diferencias. La comunidad pluralista es para mí esa 'buena sociedad' que se caracteriza por que, dentro de la diversidad, genera consenso e integración. Si nuestra civilización, la democrática liberal, se basa en convicciones realistas que preceden a las construcciones constitucionales y que son, por medio de la tolerancia, la columna vertebral de nuestro sistema de creencias. Este sistema es hoy perfectamente ajeno a las creencias religiosas. Con esta premisa, digo que las dos cuestiones están en plantearse si los inmigrantes que llegan desde el sur a Italia y España son gentes fáciles de integrar y, sobre todo, si tienen la voluntad de integrarse. Yo creo que no tienen ningún deseo de integrarse salvo excepciones. E incluso si desearan hacerlo serían los más difíciles de integrar, ya que su sistema de creencias y de valores difiere totalmente del nuestro.

P. ¿Qué es lo que hace a chinos, indios u otros pueblos no occidentales inmigrantes preferibles a los de religiones 'vigorosas y totalitarias', como las llama usted, por ejemplo, la islámica?

R. En el libro yo hablo poco de ello y en realidad no hago nunca consideraciones étnicas. Si las hiciera, daría igual que fueran chinos, indios u otros. Son tan diferentes como los otros y, sin embargo, no crean reacciones xenófobas. Se trata de un problema cultural, político y ético. Si fuera étnico serían rechazados todos por igual. Pero el rechazo y la reacción la genera culturalmente el islam, que es una religión pública, no privada, una religión muy fuerte y autoafirmativa. Las religiones sincretistas son privadas y no afectan a la cosa pública. Pero el islam, que pasa ahora con un fuerte renacimiento, es, yo diría hoy que absolutamente, al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta en Occidente. Aunque los islamistas son muy diferentes entre sí, ellos tienen un concepto del mundo propio que nada tiene que ver con el colectivo de individuos con una base común, como somos las sociedades occidentales. Los principios de las dos culturas son antagónicas y son ellos los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí (en Europa), no nosotros a ellos.

LA SOCIEDAD ABIERTA

P. ¿Cuánto puede abrirse esta sociedad, en su opinión, sin que esté en peligro su subsistencia por lo que usted califica de enemigos culturales? ¿Hasta dónde se puede llegar sin hacer peligrar la cohesión y provocar esa fragmentación que usted teme?

R. No es fragmentación, es algo mucho peor, es la disolución balcánica de nuestras cualidades pluralistas. Lo que es muy posible. La sociedad abierta, como contraposición a la cerrada, ya no es la que nos conceptuaba Popper. Se trata de establecer cuán abierta puede ser una sociedad abierta para seguir siéndolo. Se trata de poder definir el valor de la diversidad, la solidez del pluralismo, la importancia de la tolerancia. El pluralismo tiene una larga historia en Occidente. Comienza al final de las guerras religiosas del XVII. Entonces comienza a cuajar el concepto de que la diversidad no es dañina, sino un valor añadido, y a partir de ahí se desarrollan la tolerancia, el consenso y el pluralismo, sobre estas piezas se ha de basar la sociedad abierta para que no se colapse. Estas nociones no son infinitamente elásticas. La apertura total que supone la entrada indiscriminada de todo aquel que quiera hacerlo nos deja sin espacio ni para respirar, pero además supone la entrada de fuerzas culturales ajenas y enemigas al sistema pluralista nuestro. Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. Todo acto tiene que ser explicado. No vale eso de que Dios lo dice, o que es así. El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo. Y el tercero y quizás más importante es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped. La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante, hoy no se lo puede permitir. Aunque muchas veces quisiera. Ya ha perdido para siempre la ocasión de serlo. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite.

P. Usted critica mucho las tendencias multiculturalistas. Me ha recordado a Harald Bloom y a sus ataques contra ese relativismo cultural que, según él, tanto daño ha hecho a sociedad y cultura en EE UU y que, según usted, hace peligrar la cohesión pluralista incluso en EE UU.

R. Sin duda. Harald Bloom, un hombre muy inteligente, hablaba del multiculturalismo como -y yo estoy de acuerdo- una ideología. Yo lo que digo es que el multiculturalismo en sí es una ideología perniciosa, porque fragmenta, divide y enfrenta y lleva directamente a un proceso cuyo fin posible es la antítesis del pluralismo.

P. Dice usted que el pluralismo ha sido un proceso largo cuyo comienzo sitúa al final de las guerras europeas de religiones en la Paz de Westfalia en 1648 y en el que desde entonces, pese a todos los traumas y desastres europeos, se han ido sumando cultura y tolerancia. Viene a decir que el pluralismo, por medio de una integración voluntaria y racional, suma valores, mientras el multiculturalismo fracciona y fragmenta, crea pequeñas sociedades cerradas, de necesidad identitaria en las que ya se disuelve la premisa de que todos los ciudadanos son iguales y liquida así la ciudadanía, balcaniza.

R. Ahí hablo de tres niveles: uno es el nivel de creencia en que la diversidad es buena, después también está la necesidad de una estructura plural que supone compensaciones cruzadas y afiliaciones múltiples. Es una estructura, como dice, de sumar, sobre el principio de la afiliación múltiple y voluntaria. Tiene que ser una sociedad en la que la multiplicidad de compromisos niega esa autoridad a la religión, al origen y otros factores o mitos que acaban dando a Dios una fusta dominadora determinante.

P. Insiste usted mucho en la necesidad de la reciprocidad entre inmigrantes y, llamémoslos huéspedes. ¿A qué se refiere?

R. Nunca he pensado en ello como eso que algunos dicen que para abrir una mezquita en Italia hay que inaugurar una iglesia católica en Arabia Saudí. Me refiero a algo distinto. La reciprocidad supone que, si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello, considerando que no se te ha obligado a acudir al mismo, entonces debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge. Si no lo aceptas, no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas.

INTEGRACIÓN Y CIUDADANÍA

P. ¿Dónde está la clave para esa integración y aceptación de las reglas básicas de convivencia que le son en principio ajenas, en su opinión, a los inmigrantes musulmanes?

R. En la escuela. Es ahí donde la segunda generación debe completar una integración que para la primera es imposible por su procedencia y nivel cultural. Las escuelas especiales, islámicas o de cualquier otro tipo, sólo fomentan la resistencia a la integración y la lucha cultural contra la sociedad de acogida.

P. ¿No pasa entonces la integración por la ciudadanía, como tantos dicen hoy en día en la clase política?

R. No. Creo que los ciudadanistas, quienes siguen creyendo que la integración es una cuestión de mera concesión de la ciudadanía, están cometiendo un grave error. Los papeles no equivalen a integración. Conceder sin más la ciudadanía a personas que en gran parte vienen dispuestas a no integrarse y que acaban formando grupos o tribus de no integrables, y así fácilmente grupos de presión en contra precisamente de la sociedad abierta que aceptó acogerlos, es uno de los inmensos errores que se están cometiendo. Esos grupos que no quieren integrarse crean compartimentos estancos en la sociedad que rompen el principio de igualdad ante la ley que las sociedades que vivimos en pluralismo hemos creado durante siglos. Hay culturas que niegan los principios en los que nosotros vivimos y nosotros hemos de ser tolerantes, como antes dije, pero sólo ante la reciprocidad de la tolerancia. El respeto a la identidad del anfitrión debe ponerse como condición para una integración. La alternativa es la desintegración y el conflicto de culturas.

P. ¿Y el racismo, ese término que se usa mucho como arma arrojadiza, pero que, según usted, genera mucho más racismo como tal del que antes había?

R. Hay mucha gente que protesta por situaciones, no por ideología. Quien tiene una mezquita junto a su casa en Europa y se despierta a las seis de la mañana con el grito (al rezo) del muhecín, ahora, además, con altavoces, y lo sufre cinco o seis veces al día está molesto y harto, su casa pierde valor y él quiere mudarse. No es un racista. Pero si protesta y cierta gente le llama racista, acaba siendo racista por indignación. Creo que hay mucho militante antirracista que genera mucho racismo. Y creo que mucho político debería tener más en cuenta la ética de la responsabilidad frente a la fácil ética de los principios. Cualquiera puede ser bueno en sus intenciones. Pero quien no sea responsable en el ejercicio público y político, quien no tenga en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias de sus propias acciones, es un irresponsable ante sus votantes, ante la sociedad entera y finalmente también ante los propios inmigrantes.

LA POLÍTICA ITALIANA

P. Usted es un enemigo declarado de Silvio Berlusconi. Parece ya seguro que ganará con Gianfranco Fini y Umberto Bossi para formar un Gobierno de derechas. ¿Ve una amenaza de extrema derecha en Italia?

R. No, no se trata de la extrema derecha. El peligro máximo es que es un solo hombre el que ostentaría el poder, el dinero y los medios. Ya hoy Berlusconi domina el 80% de los medios de comunicación. Los pocos, estatales, que no son suyos, están asustados, intentan ser neutrales y guardar la ropa. Los suyos son beligerantes. Si gana, los tendrá todos y será una tarea casi imposible desalojar a este hombre del poder. Es terrorífico. Lo importante es ahora conseguir que Berlusconi no tenga una mayoría suficiente para hacer reformas constitucionales. Pero lo aterrador en realidad es esa concentración de fuerza en un hombre, en un solo hombre.

Entrevista publicada en El País

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11 Mayo 2009

Un ejemplo de periodismo-objetivo

Me encuentro en internet con la noticia de que un concejal de Mataró, mi ciudad, ha oficiado un matrimonio con un brazalete de Espana adherido al brazo. Sorprendido de que alguien le eche esos huevos, voy a la fuente (el ecuánime "El Punt"), y me encuentro información "adicional" (requerida para su buena comprensión, claro está) del sujeto que centra el titular. Atención:

Un home de contrastos
ANDREU MAS

Aquest és un home de contrastos. Ningú diria que li agrada el cinema de ciència-ficció espès i el tecno-pop i que, al mateix temps, defensa l'ideari més ranci de la Falange Española de Las JONS, el grup al qual va militar des dels 17 anys i fins a la seva dissolució. És una persona interessada per la filosofia, la literatura i compromesa socialment amb la integració de la immigració extracomunitària, i alhora és un radical antinacionalista català, anticomunista i un dels molts perseguidors del sistema d'immersió lingüística. Però la sang el té lligat a Espanya i això li fa dir disbarats com ara que «Alejo Vidal Quadras és el millor polític del Parlament dels últims trenta anys». L'amor és cec.

No tiene desperdicio, así que voy a molestarme en analizar un poco a este "crack" del periodismo objetivo.

Frase 1 (traducción para los que no hablen catalán):Nadie diria que le gusta el cine de ciencia -ficción espeso y el tecno-pop y al mismo tiempo haya formado parte de la Falange.

Análisis: Muy bien: para abrir boca, ensalza la ciencia ficción y el tecno-pop. Sólo por eso ya podemos hacernos una idea del nivel de nuestro amigo el periodista. Pero sigamos.

Teniendo en cuenta que hace lustros que no milita en la Falange, el hecho de establecer una comparación entre sus gustos políticos de juventud y sus filias de fin de semana actuales (el tío, a juzgar por la foto, no debe bajarse de los 45) es de nota. IN other words, si de adolescente te la ponía tiesa Franco, 20 anos después no pueden gustarte OBK y "2001, odisea en el espacio".

Frase 2: "Es una persona interesada por la filosofía, la literatura y comprometida socialmente con la integración de la inmigración extracomunitaria, ya la vez es un radical antinacionalista catalán, anticomunista y uno de los muchos perseguidores del sistema de inmersión lingüística."

Análilis: Contrapone su interés por la filosofía, la literatura y su filantropía para con los inmigrantes con el ser anticatalanista, lo que supone que quien o defiende la muy progresista, noble y liberal ideología del nacionalismo debe (no debe de) ser, respectivamente, 1) falto absoluto de sensibilidad intelectual, 2) cateto y 3) xenófobo.

Además, el "perseguir" una ley tan integradora, culta y sensible como el de la inmersión tampoco casa, a "juicio" del autor, con su talante culto e ilustrado.

Frase 3: "Pero la sangre lo tiene ligado a España y eso le hace decir disparates como que «Alejo Vidal Quadras es el mejor político del Parlamento de los últimos treinta años». El amor es ciego."

Análisis: Lo de la sangre ya nos situa a nuestro periodista favorito a la altura de un Pere Calders, por lo menos. Qué bella metáfora bélica. Además, en un alarde de objetividad, el "cronista" se permite el lujo de exponer un punto de vista preciso y claro por medio del sustantivo "disparate", y, relamiéndose en su facilildad verborreica, termina con una frase hecha digna del mejor pueblo llano: l'amor és cec.

Olé.

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30 Abril 2009

Generalizar

Hace algunos años, cuando, entre conocidos, soltaba alguna afirmación como "los argentinos son unos estirados", solía escuchar comentarios como: "qué pena, con lo bonita que es su tierra"; "sobre todo los de Buenos Aires"; "los de capital, ya se sabe" o un atenuante, no exento de ironía, "yo una vez conocí a uno que era muy majo". Con afirmaciones como aquélla, más que aseverar, lo que pretendías era canalizar tu mala leche, acentuar un tópico en momentos de cabreo. Por supuesto, hasta el menos viajado admitía que había argentino de buen trato; no dejaba de ser una generalización, un estereotipo, pero por eso mismo nadie lo negaba. Incluso quien no estaba de acuerdo no acostumbraba a tocarte las narices.

Ahora, cuando dices "los franceses son unos engreídos", enseguida salta quien te tacha de estar prejuzgando, o de ser un xenófobo, o disparan un "yo he conocido a algunos muy majos", pero esta vez no de forma atenuante, sino probatoria. Y, nunca falta, te acusan de generalizar.

¿Y qué es generalizar? Entre otras cosas, generalizar es "abstraer lo que es común y esencial a muchas cosas, para formar un concepto general que las comprenda todas. (RAE) Es decir, establecer reglas a partir de ejemplos concretos, para así poder abarcar la realidad. Es decir, lo contrario de un prejuicio.
Más bien se trata de un "postjuicio", si se me permite el palabro (y si no, también). Porque no es lo mismo decir una gilipollez sin previo análisis que, a partir de la observación, expresar una conclusión que atañe a la realidad, sin menoscabo de la o las cien o mil excepciones que puedan aplicársele.

Si una mayoría más o menos holgada de los casos coincide con tu sentencia, puedes sentirte tranquilo de haber formulado un principio perfectamente válido. Si no pudiéramos hacer esto, ¿de qué serviría el estudio? Pensemos que no estamos hablando de definiciones, que precisan de exactitud, sino de principios. Por ejemplo, acerca de un grupo de música sobre el que nos pregunten y del que seamos buenos conocedores, diremos que "la música que tocan X es rock", si la inmensa mayoría de sus canciones se pueden encuadrar bajo ese registro, aun cuando esporádicamente hayan hecho incursiones en el jazz o en la electrónica. De la misma forma, si somos interrogados sobre el clima de Barcelona en verano, podremos asegurar sin rubor que es caluroso, a pesar de algunas lluvias extemporáneas.

Sin la observación y posterior estudio de los ejemplos, jamás llegamos a las reglas. Por supuesto, hay que procurar no caer en una falacia de inducción errónea. La muestra en las que nos apoyemos debe estar apoyada en evidencias suficientes. Sin embargo, a mucha gente le bastará que haya una sola excepción (o incluso, aun cuando no la haya, que quepa la posibilidad de que exista alguna) para censurarnos.

Se tratará de gente que presumirá de tolerante, de abierta al mundo, de cuyas bocas "borbotearán" frases como "si es lo que piensa...", "yo respeto lo que dice de todo el mundo", "¿por qué no va a valer su opinión"?

Claro está, las confrontaciones no surgirán con todo el mundo. Quién generalice "flors i violes", utopías de bella factura; quien pertenezca a algo parecido a una minoría cualquiera que sea su clase; quien forme parte de una mayoría pobre, en dinero, conocimiento o ideas propias, se llevará el favor de tales "opinadores". La razón es clara: los reconocidos como mediocres no amenazan un mal llevado sentimiento de inferioridad. Mal de muchos...

De nuevo la doctrina del pensamiento único, expresada a través de una de sus multiples caras: anteayer atendía al nombre de comunismo; hace cuatro dias, se pronunciaba fascismo. Hoy se llama relativismo cultural.

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18 Febrero 2009

Articulo del filosofo R. Redeker, acerca de la "Islamofobia"

La islamofobia, el arma de los islamistas contra la laicidad
Robert Redeker

Un neologismo acaba de hacerse sitio con estrépito en nuestra escena política: "islamofobia". Esta palabra, fonéticamente próxima a "xenofobia", está destinada a dar miedo -evocando, de manera subliminal, el odio, las persecuciones, las discriminaciones- tanto como a culpabilizar. Algunos querrían verla convertida en sinónimo de "racismo" y simétrica de "antisemitismo", dos monstruos que sólo duermen con un ojo abierto. Pero ¿es compatible su empleo con la doble exigencia republicana de salvaguardar la laicidad y combatir el racismo? ¿Acaso no engendra amalgamas de resultados ruinosos para la República, sus valores y su legado?

La investigación sobre sus orígenes y su historia llevada a cabo por Caroline Fourest y Fiammetta Verner en su libro Tirs croisés (1) reserva sorpresas, porque pone al descubierto las intenciones de quienes la crearon. No es inocente que el vocablo "islamofobia" haya sido acuñado inicialmente (en los años setenta) por islamistas radicales que atacaban a las feministas. La guerra contra las mujeres es la cuna de este término; así, Kate Millett, célebre militante del movimiento de emancipación de la mujer, fue violentamente insultada y seguidamente tachada de islamófoba por haber incitado a las iraníes a negarse a llevar el velo.

De nuevo es en torno a la cuestión del apartheid de las mujeres -velo en la escuela, en las instituciones, en la calle, autosegregación en las piscinas- como se concentra la crispación, y la acusación de islamofobia amenaza a todo el que se alce contra el intento de oficializar ese apartheid. En los años noventa el término "islamofobia" fue difundido más ampliamente por los islamistas londinenses en el marco de las campañas anti-Rushdie. El escritor y los defensores de la libertad de pensar y publicar se encontraron acusados de islamofobia a la vez que amenazados de muerte.

El concepto de "islamofobia" es originalmente un arma forjada por los islamistas con el fin de imponer su visión totalitaria del mundo. Hunde sus raíces en el más sórdido oscurantismo. En principio, pues, "islamofobia" fue una palabra de combate; y a nadie hay que recordar la fórmula del poeta revolucionario Maiakovski, "las palabras son balas". Al utilizarla ingenuamente, amigos sinceros de la libertad se colocan en el terreno de sus adversarios. ¿Es posible, como desean los islamistas, identificar la islamofobia con un racismo y hacerla equivalente al antisemitismo?

La amalgama de islamofobia y racismo está destinada a volverse contra toda crítica de la religión, tan importante en nuestra cultura desde Bayle y Voltaire, tan importante también en la elaboración de la idea republicana.

¿Es "racista" rechazar las imposiciones que se practican, desde Mauritania hasta el Pakistán, en nombre del islam? ¿Rechazar la sharía, las lapidaciones, las mutilaciones, la esclavitud (todavía muy viva en sociedades musulmanas), la criminalización de la homosexualidad, el estatuto inferior de las mujeres, etcétera?
¿Es racista recordar que en ningún país musulmán están vigentes ni los derechos del hombre ni la democracia?
¿Es racista calcular que cientos de millones de seres humanos viven cada día bajo el yugo impuesto por esa religión?
¿Es racista inquietarse por las exigencias, en nuestra sociedad, de una religión que está tan lejos de demostrar su capacidad de interiorizar los valores emanados de la Ilustración?
¿Es racista preguntarse si es posible un islam de rostro humano, como en otro tiempo se preguntó si era posible un socialismo de rostro humano?

Si el racismo (por ejemplo, la arabofobia) es absolutamente condenable, el combate contra las intromisiones de lo religioso en la vida cívica, combate del que emanaron los valores republicanos, no lo es en modo alguno. El islam es una religión -un conjunto de ideas, de mitos, de supersticiones y de ritos-, no una "raza" (suponiendo que esta palabra tenga algún sentido) ni una etnia. Hay musulmanes de todos los tipos humanos; esta religión, análogamente al cristianismo, aspira a la universalidad. Siendo una religión, el islam es también una ideología, como el comunismo y el liberalismo. ¿Habrá que condenar el antiliberalismo o el anticomunismo, el rechazo de sus ideologías y de la organización del mundo que implican, como si se tratara de racismo? La actitud a la que se acusa de islamofobia no es racismo, en tanto en cuanto, lejos de ser odio a tal o cual pueblo, es el rechazo vehemente de lo que algunos predican y quieren imponer en nombre del islam. Es el rechazo de los aspectos arcaicos e incompatibles con los valores republicanos que vehicula cierta interpretación del islam.

El antisemitismo, por su parte, no estigmatiza a una religión sino a un pueblo. Ahora bien, no existe un pueblo musulmán como existe un pueblo judío; por lo tanto, poner en paralelo la islamofobia con el antisemitismo es abusivo. El islam es un atributo accidental, aplicable -por el hecho de su proselitismo- a cualquier ser humano, sean cuales sean su etnia y el color de su piel. Por el contrario, "judío" designa a un único pueblo, debido a su ausencia de proselitismo. Lejos de ser el simple combate contra una religión, el antisemitismo es el odio inmotivado e inextinguible contra cierto pueblo, el pueblo judío. Podrían los judíos ser ateos o cambiar de religión, y el antisemitismo persistiría. Si bien hay judíos ateos (porque la palabra "judío" enuncia la pertenencia a un pueblo, al margen de las ideas que tengan los así clasificados), la expresión "musulmán ateo" resulta absurda (porque ser musulmán significa profesar una creencia).

Los islamistas ven, en la batalla del vocabulario, una apuesta importante. El término "islamofobia" esconde la trampa tendida a las instituciones laicas por los integristas musulmanes para impedir la crítica de la religión, a la vez que se somete a segmentos de la existencia social (especialmente la de las mujeres) a un control totalitario. Perder la batalla semántica, utilizando el vocabulario puesto en circulación por los islamistas como si tal cosa, es desastroso. La palabra "islamofobia" remite falsamente de la defensa de la libertad y de la laicidad a la intolerancia y al odio. Consigue forzar a los valores republicanos a ponerse a la defensiva: ahora son ellos los que, apurados por la sofistería de un juego de manos lexical, se ven acusados de intolerancia y de integrismo. La prestidigitación de esa palabra consiste en darle la vuelta a la realidad, colocando al oscurantismo en la posición de víctima y a la laicidad en la de agresor. La laicidad debe mantener la palabra "islamofobia" fuera del radio de los debates, a la vez que persigue el racismo, y en particular la arabofobia.

(1) Tirs croisés: la laïcité à l'épreuve des integrismes juif, chrétien et musulman. París, 2003.

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27 Octubre 2008

Sobre la obsesion

Magnifico articulo de Alex Salmon sobre la acusacion de obsesion por la lengua de Ciutadans:

Lo he oído en más de una ocasión. Las argumentaciones de uno suenan en el otro como imposibles. Viene al caso sobre la comparecencia en el Parlament del diputado de Ciutadans (para unos siempre Grupo Mixto aunque esté formado en su totalidad de personas de Ciutadans) Antonio Robles, ante el conseller de Educació, Ernest Maragall. El ex profesor de instituto hasta hace muy poco intentaba explicarle al siempre político la realidad según sus ojos, que pueden no ser los mismos que los del conseller.

Ante el resumen presentado por Robles sobre las aulas de acogida, Maragall le respondía con la típica cara de asombro de los que no quieren ver más allá de sus ojos. Decía el Honorable conseller que el país que Robles explicaba no era el suyo. Trillo aquí diría «manda huevos», pero como se trata de una grosería mejor la omitimos y reflexionamos sobre la cuestión.

Para hacerlo me acojo a las mismas palabras de Antonio Robles que fueron sabias, llenas de pedagogía, cierto cinismo y templanza.El diputado de Ciutadans le vino a decir que él entendía su sorpresa, era consciente de todo el mensaje del socialista y de cómo lo argumentaba. «El problema, señor Maragall, es que usted no entiende que yo exista». O lo que es lo mismo: no es computable (la informática es sabia) un individuo como Robles. No es asumible. Se explica diciendo que, por ejemplo, un diputado que esté por dar libros en castellano en estas aulas a niños ecuatorianos, aunque de esta forma vayan a encontrar mayor acogida en el país que, al principio, les es extraño, suena muy mal.

Dicho esto, la respuesta es la de siempre: «¿Es que ustedes siempre están con la obsesión de la lengua?». Es cierto. Le deberíamos dar la razón al señor Maragall. Por eso, últimamente me pregunto cómo se lucha contra una obsesión. En este caso no me refiero a la del señor Robles, sino a la de los muchos señores Maragall que redactan unos protocolos para los profesores que trabajan en las aulas de acogida donde el catalán es más importante que la limpieza de los lavabos o que las calorías de las comidas sean sanas.

¿Cómo se actúa desde el bilingüismo para buscar razones frente a las evidentes obsesiones por la lengua? Los diputados nacionalistas y del tripartito decidieron con la llegada de Ciutadans evidenciar que la obsesión de la lengua estaba en la cabeza de éstos. La reflexión es ¿cómo debe ser llamado el padre que se ofusca con los malos resultados de las notas de su hijo e insiste para que mejore?, o ¿cómo debe ser tratado el que se obceca porque su compañero de trabajo, por ejemplo, deje de fumar?

No estoy comparando situaciones negativas de nuestra sociedad con enfermedades crónicas, aunque es evidente que la inmersión o las sanciones lingüísticas son ejemplos negativos de nuestra sociedad, pero son en estas situaciones donde se refleja de forma clara el método de luchar contra una obsesión y como éste puede ser percibido como otra obsesión más, en este caso positiva.

Ernest Maragall acusa a Antonio Robles de siempre hacer el mismo discurso. Claro. Es la respuesta a otro discurso idéntico. La diferencia es que Robles entiende el rechazo o la ignominia que le produce su persona a Maragall y el conseller ni se la ha planteado.Esa es la diferencia.

Decir que Robles no conoce la escuela es como decir que el conseller Maragall se olvidó de la poesía de su abuelo. El diputado, antes de pisar la moqueta frondosa del Parlament hace dos años, vivía entre pupitres. El conocimiento del de Ciutadans sobre la escuela debe pesar en la política catalana como una fuente de información de primera línea.

Pero, seamos concretos. A lo que el diputado se refería en su crítica a «las guías de acogida lingüística» era justamente que se acogía al inmigrante en la lengua -catalana, por supuesto-, pero no en la cultura, la sociedad, las normas cívicas, el trabajo o hasta en la relación con los vecinos. Esas mismas instrucciones de acogimiento dejan claro que «hay que velar para que el catalán sea en el centro escolar la lengua vehicular en la familia y en el alumnado». Pero la lectura en voz alta de esa guía siguió en el Parlament y dirigida al conseller con la siguiente perla: «Es conveniente mantener el catalán y, si la compresión es difícil, utilizar imágenes, gestos, hablar con frases cortas y simples.Nuestra actitud es la de ser fieles al catalán».

Imaginen si el niño en cuestión es ecuatoriano o peruano. Interpretar los gestos con lo fácil que sería hablar en castellano, que en realidad -y nunca debe perderse de vista- su utilidad es sólo una herramienta de entendimiento entre personas.

Con posturas así es difícil no obsesionarse. Me recuerda la fábula del Rey desnudo. Mientras que toda la sociedad pacte que aquel individuo está en porretas no hay problema. Las dificultades comenzarán cuando alguien de la supuesta tribu (en sentido metafórico) decida denunciar al Rey la mentira. ¿Cómo creemos que actuará el pobre loco cuando intente explicar la desnudez real ante las críticas de sus conciudadanos?

Lo hemos explicado en muchas ocasiones. Cataluña es un país excesivamente poliédrico, donde nada es como parece, aunque se acerca a la realidad. Con ello no quiero decir nada, sólo que hay que esperar que cada día sean más los que vean al Rey en pelotas.

Álex Sàlmon, director de EL MUNDO en Cataluña

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A MUERTE (crónica postsentimental)

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