El peligro de que algo se repita en infinidad de ocasiones a través de canales de fuerza (Internet, TV...) suele provocar que la masa crea lo crea.
En una sociedad de la información donde, afortunadamente, la mentira está penada, los periodistas, desafortunadamente, disponen de otra arma para poder expandir el mensaje que interesadamente les vaya bien. Uno de ellos es el de la "media verdad". Ésta consiste en difundir una (parte de) noticia real, pero desprovista de todo el contexto que la sitúa en su auténtica dimensión. Un ejemplo sería publicar que el equipo Z, sorpresivamente, ha derrotado al equipo A, eludiendo añadir que a éste último le faltaba el 90% de sus jugadores y que había tenido que disputar el partido con juveniles.
Desgraciadamente, no es en fútbol donde más se dan estos casos, o no al menos donde más daño hacen. Un tema habitual en la "desinformación" periodista, y, en consecuencia (o "en causa"), gubernamental, lo podemos hallar en el último grito de la política popular: hoy, entre otros, el feminismo. ¿El asunto? Las mujeres cobran menos que los hombres.
Cómo se ilustra o se defiende dicha tesis constituye un ejemplo de: (a) el nivel de perversión a que ha llegado nuestra sociedad de la información; y (b) el ínfimo nivel de que adolece la inmensa mayoría que cree tales argumentos.
Para empezar, se trata de un tema con el que se nos ha bombardeado tanto, en todo medio y en todo momento, que incluso muchos hombres se han empezado a cuestionar si, efectivamente, las féminas cobraban menos que los hombres, y si, efectivamente, ellos, él, era(n) el culpable. Algo que todos dicen debe de tener algo de cierto, pensarían muchos. No importa que algún iluso (como el que suscribe), razonara que, en el sector público todos los seres humanos cobran exactamente lo mismo, en función de su experiencia y puesto, y que en el privado el empresario es libre de pagar lo que quiera y a quien quiera para su negocio.
Tras la conveniente difusión del mensaje, faltaba, claro, el argumento. Y, leyendo en los diarios de Internet acerca de los festejos por el día de la igualdad del trabajador, o algo similar, observo que no es otro que la estadística: los hombres ganan un tanto por ciento X más que las mujeres, blablabla. Dos puntos a discutir aquí.
Uno, corolario del mencionado anteriormente: el secto público paga lo mismo, el privado depende del empresario privado, por lo que cada cual hace lo que quiere. Además, en el sector privado los puestos no están tan estandarizados como para que haya dos puestos exactamente iguales, amén de que muchas veces los salarios dependen de la capacidad negociadora de los empleados, a menudo más agresiva en el macho. Si la compañía es diferente, entra en juego, naturalmente, la libertad de empresa.
Dos, los porcentajes sólo dicen que las mujeres, en global, ganan menos que los hombres, pero no equipara por puestos de trabajo, sino por sexo. Esto es de un rigor intelectualmente tan alto como decir que los trabajadores en la franja de 16 a 25 años de edad cobran menos en total que los trabajadores de 25 a 65. Obviamente, puesto que son más. Pero igualmente, cobrarán menos en media anual porque, entre otras cosas, no poseen los pluses por año trabajado.
Además, aún a día de hoy hay más hombres que mujeres en el mercado laboral, y más hombres en trabajos cuyo salario está considerado "alto", empezando por empresarios y acabando por deportistas de élite. En consonancia, los hombres "ganarán más". Y no podemos achacar a la injusticia que haya más empresarios hombres, puesto que incluso existen incentivos discriminatorios en favor de las hembras, ni que el respetable prefiera acudir a un partido de fútbol masculino antes que a uno femenino. ¿O sí?
Vivimos en una sociedad donde, por culpa de la atroz incultura del vulgo (que necesita creer que pude cambiar las cosas, y cree poder hacerlo ipso facto, pero que se conforma con la creencia y ya está) y la sibilina perfidia de la "élite" política (que ha visto que diciendo que sí a todo y haciendo "no" a todo), las cosas difícilmente van a cambiar. Actualmente, en todo país medianamene acomodado gobierna el conservadurismo más excluyente (el que sólo busca pertrecharse en el poder) en la política y el socialismo sociabuluscorrectus en la ideología. Lo peor de cada casa. Y así nos va.
¿Qué podemos haceral respecto? He llegado a la conclusión de que la educación y el conocimiento son lo único que puede cambiar las cosas para bien. Pero claro, no soy el primero en llegar a esta conclusión. Sólo hace falta ver los libros de texto, por ejemplo, catalanes. Los gobiernos-cacique saben que el control de esta materia les reportará resultados a largo plazo. Por lo tanto, la única solución que veo es que los políticos crean que les sale a cuenta invertir en una educación objetiva y científica (no sentimental). "Que ser un héroe no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena", decía alguno.

